Saltar a contenido principal

Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

21/04/2021

Día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos

Genocidio armenio: a 10 años de un hito judicial argentino

El 24 de abril se conmemora el genocidio contra el pueblo armenio cometido por parte del Estado turco hace poco más de un siglo. Argentina, siguiendo una política de Estado de derechos humanos instaurada en el año 1983 con el devenir de la democracia, es uno de los pocos países del mundo que reconoció oficialmente estos crímenes en tanto genocidio por parte de los tres poderes de Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Con la convicción de que la mejor arma contra el negacionismo es la memoria, el autor reflexiona sobre estos hechos y repone la voz de los testimonios de descendientes de sobrevivientes en nuestro país.

“Después de todo ¿quién habla hoy de la destrucción de los armenios?”
Adolf Hitler en las vísperas del ataque a Polonia
frente a los altos mandos militares en agosto de 1939 [1].

Sobre la sentencia
Hace 10 años, Argentina se convertía en el primer y único país del mundo en el cual los tres poderes del Estado reconocieron los crímenes perpetrados contra los armenios por parte del Imperio Otomano, predecesor del actual Estado turco, en los comienzos del siglo XX. Así, siguiendo una política de Estado de derechos humanos instaurada en el año 1983 con el devenir de la democracia, el Poder Judicial se sumó al Ejecutivo y Legislativo, quienes oportunamente se han expedido sobre los hechos que conformaron el genocidio armenio, el primer genocidio del siglo XX.

El 24 de abril de 1915, el gobierno de los Jóvenes Turcos detenía a 235 miembros de la comunidad de armenios e iniciaba deportación de la población armenia al centro de la península de Anatolia. El brutal traslado de la población armenia, su ubicación en una zona desértica y el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, ayudó a crear el momento propicio para su eliminación física.

Casi un siglo después, y muy a pesar de las políticas negacionistas y de persecución continuadas por el Estado turco, se dio otro paso en el camino del reconocimiento del genocidio armenio.

La élite armenia de la ciudad de Jarput, intelectuales, políticos, clérigos y los de visible posición económica son conducidos a través de la ciudad a la prisión de la vecina ciudad de Mezireh, antes de comenzar con las caravanas de la muerte, en mayo de 1915. Fuente: diario de Jacobsen, Jarput, 1907-1919./ Agencia Prensa Armenia

El primer día de abril del año 2011, en el marco de la causa n° 2.610/2001 caratulada “IMP. N.N. S/ SU DENUNCIA. QUERELLANTE: HAIRABEDIAN, GREGORIO”, el juez Norberto Oyarbide, por ese entonces titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 5, resolvió con entidad de sentencia definitiva que “el Estado Turco HA COMETIDO DELITO DE GENOCIDIO en perjuicio del Pueblo Armenio, en el período comprendido entre los años 1915 y 1923”. Pero ese fue el final de un largo camino iniciado a fines del año 2001 con la demanda presentada ante la Cámara Federal de Apelaciones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por un hijo de sobrevivientes del genocidio armenio, Gregorio Hairabedian, con el patrocinio letrado de Luisa Hairabedian, su hija. En esa demanda, inspirada en el derecho a la verdad de los descendientes de sobrevivientes, se apuntaba a establecer, por la vía judicial, si existió o no un genocidio contra el pueblo armenio entre los años 1915 y 1923.

Más precisamente, en la parte resolutiva del fallo, se declaró “… CON ENTIDAD DE SENTENCIA DEFINITIVA, en el marco de tramitación de los presentes actuados n° 2.610/2001 caratulados ‘Imp. N.N. su denuncia. Querellante: Hairabedian, Gregorio’, que en las condiciones y con los propósitos señalados, el Estado Turco HA COMETIDO DELITO DE GENOCIDIO en perjuicio del Pueblo Armenio, en el período comprendido entre los años 1915 y 1923”. A lo largo de este proceso, el cual duró una década, se recopiló prueba documental de todo el mundo y testimonios de sobrevivientes de este crimen -y también de sus familiares-. Esta documentación proveniente Alemania, Armenia, Austria, Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Turquía y el Vaticano se puede ver gracias a la Fundación Luisa Hairabedian, la cual impulsó el proceso, a través de su sitio web, en el cual facilitan para todo/a interesado/a una colección con gran valor documental e histórico-legal [2].

Dicho proceso y sentencia son únicas en el mundo, posibilitadas en el contexto de una larga lucha que se viene dando en Argentina por la Memoria, Verdad y Justicia después de los hechos ocurridos en la última dictadura cívico-militar. Así, la conciencia creada en torno a los derechos humanos y las violaciones a los mismos cometidos a través del aparato estatal, construyó una verdadera política de Estado, permitiendo el reconocimiento de un crimen perpetrado en otro continente hace un siglo, pero que tiene como víctimas a miles de armenios que hoy viven en el país. De este modo se expresaba Alexis Papazian en “A 105 años del genocidio armenio: memoria y reparación” en la Revista Haroldo: “… la singularidad de la lucha de las organizaciones de Derechos Humanos por justicia en Argentina creó la posibilidad de la aplicación del Derecho a la Verdad para un crimen cometido hace más de un siglo en lugares muy distantes al de nuestro país.”

Mujeres y niños en las caravanas de la muerte en el desierto de Siria. Archivo Armin T. Wegner. / Agencia Prensa Armenia

El término “genocidio” fue acuñado por Rafael Lemkin para describir aquellos procesos de aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos, tan difícil era definir estos actos que previamente, en 1941, Churchill lo había llamado “el crimen sin nombre”. Ahora bien, tanto esta sentencia como decenas de países y organizaciones en el mundo reconocen los hechos bajo el título de “genocidio armenio”.

Estas líneas no tienen la intención de profundizar en cuestiones jurídicas por más que estemos hablando de una sentencia judicial. La idea es un poco más simple, pero quizá más ambiciosa: buscamos sacar a flote, una y un millón quinientas mil veces más, hechos que siguen siendo negados por el Estado turco y sus aliados. Así, con la convicción de que la mejor arma contra el negacionismo es la memoria, quiero extraer de la sentencia algunos fragmentos que, a mi entender, ilustran perfectamente el mensaje que se buscó trasmitir, a través de este reconocimiento.

El 27 de noviembre de 2009, Bautista Kuyumdjian, hijo de sobrevivientes del genocidio armenio, declaraba que su familia era “…originaría de un pueblo llamado Hadjin; donde vivieron durante generaciones y generaciones... La política de extermino de los armenios instrumentada por el Gobierno del Imperio Otomano, y luego Turquía, se canalizaba mediante la expansión territorial de los turcos sobre territorios armenios.... El pueblo entero salía caminando, llevando los enseres que podían, a través del desierto para llegar a lo población siguiente, desde la cual posteriormente eran también obligados a salir todos, con destino de otro pueblo más. En el camino, el ejército turco acosaba a los caminantes y la muerte venía por hambre, por sed, por agotamiento, por enfermedad, o directamente, por muertes causadas con alevosía y ensañamiento por las tropas turcas…”.

Sobre su familia, dijo que “… Sus padres lograron huir y buscaron refugio en Damasco, Siria, pensando que en una ciudad más grande y más importante, esos actos eran más difíciles de que sucedieran. No obstante, se perseguía a los jóvenes armenios y a las jóvenes armenias; a unos para mandarlos al ejército, al desierto, y a las otras para violarlas o tomarlas como concubinas. En busca de mayor seguridad, sus padres se radicaron primero en Siria, Damasco; después fueron a Adana -donde nació el declarante-, de donde también tuvieron que salir buscando mayor seguridad volviendo a Damasco, y por último en la desesperación, buscar un país cristiano donde refugiarse…”.

Continuó hablando de Argentina, ese país cristiano en donde se refugiaron: “… tuvieron y tuvo -el declarante- la gran suerte de llegar a la República Argentina, donde encontraron paz, posibilidad de vivir, educarse, no ser discriminados, y así en el caso del declarante, tuvo educación primaria, secundaria, y universitaria gratuita y pudo también, acceder al honor de ser profesor titular en la Facultad de Derecho donde se recibió.”

Terminó la declaración explicando, quizá sin saberlo, la importancia de los juicios por la verdad y de ese proceso en particular al expresar que “… que su única aspiración, es que se conozca la verdad, y eventualmente se haga justicia, sin ninguna aspiración económica sino la satisfacción de que sus padres y abuelos sepan, que no se han olvidado, y que pretenden que se haga justicia para memoria de ellos. …”.

880 armenios desterrados amontonados en 10 vagones de transporte de ganado del ferrocarril de Anatolia, 30 de octubre de 1915. Archivo alemán. Fuente: Instituto Nacional Armenio A.N.I. Washington. / Agencia Prensa Armenia

Otra testigo conectó el genocidio armenio con las violaciones a los derechos humanos vividos en Argentina durante la última dictadura. Margarita Margosian, hija de una sobreviviente, declaró que “… a tal extremo la quedó a su madre la secuela del genocidio, que años después, ya viviendo en la República Argentina, tuvo oportunidad de vivir una suerte de segundo genocidio, en la ocasión en que paramilitares del Tercer Cuerpo de Ejército irrumpieron en la morada para secuestrar a su sobrina; ocasión en la que su madre, reaccionó con horror ante los efectivos, identificándolos como ‘turcos’, o ‘ahí vienen los turcos’.”

Estos son solo dos de todos los testimonios recolectados en el marco de la causa judicial, la cual también cuenta con documentos valiosos que sumar a toda la batería de prueba de los crímenes cometidos por los Jóvenes Turcos y hoy negados por sus herederos.

Estado actual de la situación y reflexiones
La frase de Hitler que citada al comienzo de este texto es la ilustración del deseo que tiene todo genocida: el olvido de sus crímenes. En esa dirección va la política turca -y sus afines-, en borrar la historia que ellos mismos escribieron con sangre de armenios, como también de asirios y griegos. Esto lo pudimos observar en la misma causa que dio lugar a la sentencia que recordamos hoy, en la cual Turquía se negó a proporcionar información, a diferencia de otros países involucrados, con especial mención a Alemania.

Muchos creen que el panturquismo responde a ideas de un pasado lejano, pero el año 2020 nos recordó, una vez más, que esa lógica se encuentra igual de vigente que hace un siglo, solamente quienes llevan esa bandera cambiaron la máscara. Los sucesos ocurridos en el último año en Artsaj nos ponen en alerta. El ataque sobre la región también conocida como Nagorno Karabaj, iniciado el 27 de septiembre pasado por parte de Azerbaiyán, junto con Turquía y mercenarios, es una muestra cabal de la intención de la dirigencia túrquica de correr y desplazar al milenario pueblo armenio de la región. Todavía más preocupante es la indiferencia con la cual el mundo entero observó los hechos. Mientras comunidades armenias de todo el globo alzaban la voz, los gobiernos, con la mejor de las suertes, se limitaban a condenar de forma genérica las agresiones que ocurrían en la región. Muchos países que oportunamente reconocieron el genocidio armenio en esta oportunidad, a través de sus gobiernos, miraron para otro lado.

El Derecho a la Verdad también se manifiesta a través de los reconocimientos de los hechos más aberrantes de nuestra historia por parte de los Estados. La inacción de los países ante eventos de las características de la invasión a Artsaj convierte al reconocimiento en una mera demostración de lástima por un pasado trágico y niega la utilidad práctica que puede tener un instrumento como este, la cual es, ni más ni menos, que la búsqueda de que estos hechos Nunca Más se repitan.

Nada de lo que ocurre está aislado del contexto en el cual vivimos a nivel mundial, la radicalización de parte de los (eternos) agresores queda expuesta en estas amenazas y crímenes, pero el desinterés y negación de los derechos también se manifiesta a través de diferentes declaraciones u otros actos. No es casualidad el reciente retiro de Turquía del Convenio de Estambul, instrumentado sin motivo expuesto y a través de un decreto del presidente Erdogan. Ese convenio, que irónicamente lleva el nombre de la capital turca, es una herramienta para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres.

Este 24 de abril, día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos, tenemos el deber de, una vez más, (re)pensar qué caminos queremos seguir y exigir a nuestros representantes. Aprendamos y eduquemos para que nunca se repita. Hoy tenemos la sentencia judicial que recordamos, pero también existe mucho material documental y audiovisual, cátedras, etc.

La historia pone a cada uno en su lugar, está claro el lugar de los genocidas de ayer, hoy y mañana. La respuesta a esa frase de Hitler es memoria, verdad, justicia y reparación, que esto sea una realidad y una barrera infranqueable para que cada cual quede en el lado que le corresponde.

Refugiados armenios esperando evacuación británica o francesa hacia Egipto, Septiembre de 1915

Vilen Ter Gazarian

Abogado (UBA), miembro colaborador del Área Jurídica de la Fundación Luisa Hairabedian. Mail: tergazarianvilen@gmail.com

Compartir

Notas

[1] En Rafecas Daniel, Historia de la solución final, siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 2014, pag. 126.

[2] Link: http://verdadyjusticia.org.ar/coleccion-juicio-por-el-derecho-a-la-verdad/

Te puede interesar

Mendoza y después

Mendoza y después

Por Osvaldo Aguirre

Un día de junio en Plaza de Mayo del 55

Un día de junio en Plaza de Mayo del 55

Por Rubén Sassano

Ilustración Rubén Sassano

El trabajo infantil y el derecho a ser niñas, niños y adolescentes

El trabajo infantil y el derecho a ser niñas, niños y adolescentes

Por Gabriel Lerner

Fotos Sergio Pisani / @es.aki

  • Temas