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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

02/06/2021

La historia de Catalina Garraza y David Mazal

Cartas desde el encierro

Catalina Garraza y David Mazal, ambxs militantes de Montoneros, se conocieron y enamoraron por carta cuando estaban presxs durante la dictadura. Un acercamiento a su militancia, sus familias, sus dolores y su vida en común, que continúa hasta el presente.

La militancia de David


Cuando empezó a militar, David Mazal tenía 13 años y estudiaba en el colegio Nacional de Vicente López. Comenzó como un juego, como una posibilidad de hacer lío y compartir los días con sus compañerxs. Luego de los fusilamientos en Trelew ya no hubo margen para la “tontera”. A partir de ahí, su compromiso se volvió más orgánico, se sumó a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que en ese momento era el espacio estudiantil de La Tendencia (1), después hegemonizada por el espacio político-militar de Montoneros. En 1972 participó de la toma de colegios contra una medida de Lanusse que buscaba bajar el nivel de los colegios técnicos. Empezó a trabajar en villas, mientras continuaba con las reivindicaciones estudiantiles. 

“El rock argentino nos marcó junto con la militancia, nos fue empujando su letra, su música, su capacidad de convocatoria. Y después vino el 73 como un triunfo y una alegría del pueblo en su conjunto, tras 18 años de exilio. Yo viví con mi familia todo el proceso de la vuelta de Perón, la famosa foto de Rucci teniendo el paraguas, lo doloroso de Ezeiza. Dentro de ese triunfo, nosotros como militantes de la UES nos dedicamos más a las reivindicaciones de los estudiantes, a poner contenido a la cultura, a evitar que el Banco Interamericano de Desarrollo nos imponga el proyecto educativo y a acompañar en territorio, en las villas, en barrios de emergencia, en tu propio barrio. Una actitud permanentemente solidaria entre compañeros y compañeras y vecinos. Empezamos a poblar los clubes del barrio, que volvieron a tener vida, con la participación de los vecinos, de la juventud y de los carnavales, las murgas. Era una sociedad que estaba en plena ebullición”, cuenta a Revista Haroldo.


La militancia de Lina


Lina es de San Luis, nació y vivió allí hasta 1976. Forma parte de una familia de militantes político sindicales. Su padre, Pedro, era sindicalista en Obras Sanitarias de la Nación y su mamá, Chavela, era maestra y activista del sindicato docente de la provincia. Lina recuerda que junto con su padre le llevaban comida a los piquetes de huelga. La militancia fue parte de su vida y la de sus dos hermanas desde chicas. “Mi viejo, si bien no era peronista, tenía simpatías por el peronismo porque él representaba no a los oficinistas de Obras Sanitarias, sino a los obreros. Tenía una impronta más cercana al peronismo, mi vieja venía del socialismo. Mi tío, el hermano más chico de mi mamá, estuvo exiliado, porque era médico de izquierda, cercano al PRT. Él también forma parte de las referencias para mi militancia y la de mi hermana.” 

En 1972 Lina empezó a estudiar bioquímica en la Universidad Nacional de Cuyo, que después se convirtió en la Universidad Nacional de San Luis y cuyo primer rector, Mauricio López, está desaparecido.

Mientras estaba estudiando, conoció a su compañero Pedro Ledesma. Era amigo de su hermana Ani, con quien habían formado en el secundario una agrupación que se llamaba ESDI (Estudiantes Secundarios de Izquierda).

La casa de los Garraza estaba a disposición de lxs compañerxs. En un cuartito tenían un mimeógrafo, de esos a los que se les daba manija. Prestaban el auto, que manejaba Lina, para repartir volantes. En 1975, cuando empezaron las persecuciones de la Triple A, su tío tuvo que escaparse de Mendoza, y pasó una temporada escondido en su casa hasta que logró salir y exiliarse.

Para esa época, Pedro, su compañero, ya estaba encuadrado en la JP y formaba parte también de Montoneros. 

“Uno no era un extraterrestre en el compromiso, en ese tiempo toda la juventud de alguna forma u otra estaba comprometida, porque esa historia común, esas coordenadas de la época te llevaban a la militancia y al compromiso. Porque estaban los movimientos revolucionarios en toda América, estaba Rusia que apoyaba, estaba Fidel que apoyaba en África. El mundo era una revolución. Entonces era normal que ese movimiento te llevara a ese compromiso. Entendiendo que había que luchar en contra de las injusticias. Teníamos sueños comunes con mi compañero, tener hijos, vivir juntos, pero después uno supedita todo a ese movimiento, porque uno después ya está en peligro. Por suerte yo a los hijos no los tuve antes de caer, porque era muy difícil con la militancia tener hijos y llevarlos, porque uno entendía que tenían que vivir con uno toda la experiencia”, reflexiona Lina.

 

El golpe y la detención


Lxs dos, una en San Luis y el otro en Buenos Aires, sabían que venía el golpe de Estado de marzo de 1976. Lo imaginaron peligroso. Pero no dimensionaron la magnitud de la violencia: “Jamás pensamos que ese golpe iba a ser tan inhumano, aún hoy cuesta entender las barbaridades de ese genocidio, esa locura de estos seres oscuros.”

El 20 de septiembre a la noche detuvieron al compañero de Lina, Pedro Ledesma, en un enfrentamiento donde mataron a su amigo, Sebastián Cobos. A los cuatro días la buscaron a Lina y la llevaron a la Central de Policía para interrogarla y la tuvieron ahí una semana sin que nadie supiera dónde estaba.  “A mi me interrogan mostrándome una foto de Pedro todo torturado, me decían que si no colaboraba me iba a pasar lo mismo. Por suerte a los seis días me dan la libertad y vuelvo a casa. Mi viejo nos planteó que nos fuéramos al exterior con mi hermana, porque mis tíos estaban en el exterior. Pero no terminamos de tomar la dimensión del peligro que corríamos. Pensábamos que si no hacíamos nada, no iba a pasar nada.”

El 19 de octubre allanaron la casa de lxs Garraza y se llevaron a todxs detenidxs, salvo a la hermana más chica, Marisa, a quien dejaron en casa de unxs tíxs. En diciembre de 1976, después de pasar dos meses en la Central de Policía, a Chavela y Pedro lxs llevaron a la cárcel de San Luis y a Ani y Lina, a la cárcel de Mendoza. 

En tanto, en Buenos Aires, tras el golpe, la UES salió con la consigna “Resistir es vencer”. Seguían adelante las actividades de propaganda: pintaban paredes, repartían volantes oponiéndose al golpe y convocaban al pueblo argentino y a los sectores juveniles a sumarse a  la resistencia. El 30 de abril de 1976 en una actividad estudiantil, lxs corrió la policía y se llevaron detenido a David. Pasó un mes y medio secuestrado, en la comisaría octava y en Coordinación Federal. Salió en libertad y logró hacer contacto con lxs compañerxs, pero la organización estaba en crisis, dispersa, muchxs habían caído y otrxs habían partido al exilio. Cuando logró una cita orgánica, contó lo sucedido y desde la organización le plantearon que debía exiliarse. Si bien no estaba convencido de irse, comenzó a planificar su salida del país para enero de 1977. No llegó a concretarlo: en noviembre, cayó la patota en su casa y lo detuvieron. Un consejo de guerra lo trasladó a la cárcel de Devoto. Antes, pasó unos días detenido en Coordinación Federal.


Mariposas de madera


La mayoría de las mujeres presas políticas se concentraron, durante la dictadura, en la cárcel de Devoto. Pasaron cerca de 5 mil mujeres por ahí. Es por eso que a David lo trasladaron, junto con muchos compañeros, a la cárcel de La Plata, era necesario hacer lugar.  

Lina, junto a su hermana Ani y su mamá Chavela, compartieron cárcel en Mendoza. “Me acuerdo que en Mendoza vivimos el terremoto de Caucete de 1977, que fue muy angustioso. Los árboles se movían, el patio se llenó de agua, las camas eran cuchetas de metal y eso hacía que se sintiera muchísimo. Fueron varios días que estuvimos con sismos”, cuenta Lina a Haroldo.

Durante su estadía en Mendoza, Lina, Ani, Pedro (su papá) y dos compañeros más, todxs de San Luis fueron sometidxs a un Consejo de Guerra. A Chavela la llevaron como testigo para que lxs incrimine. Montaban una puesta en escena: un tribunal, un abogado defensor que lxs detenidxs podían elegir de un listado que les facilitaban los propios militares y el o la acusadx sentadx en el banquillo. “Antes, un juez federal fue de San Luis a Mendoza a interrogarnos y se declaró incompetente y pasó todas las actuaciones al Consejo de Guerra. Allende se llamaba, fue juzgado y condenado por su accionar”, dice Lina.

Chavela volvió a la cárcel de San Luis y salió en libertad en 1978. Lina recuerda lo difícil que fue para su vieja salir en libertad en plena dictadura. “En San Luis la gente tenía miedo y le hicieron el vacío”, precisa. Pero Chavela no sólo reconstruyó su casa, destruida por la patota, sino que también empezó a armar con compañeras la Asamblea por los Derechos Humanos de San Luis. Hicieron un censo para saber cuántos desaparecidos había en la provincia. “Fue un trabajo de hormiga”, recuerda Lina.   

En 1978, Ani y Lina fueron trasladadas a Devoto y Pedro a La Plata. Fue ahí donde David y Pedro, el papá de Lina, se conocieron y donde, después de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979, les permitieron a los presos escribirse con los familiares que estaban detenidxs (hasta ese momento sólo podían hacerlo con la familia que estaba fuera de la cárcel). “Cuando Pedro supo que tenía ese permiso, apareció en el patio, él estaba en el pabellón conmigo, no en la celda, estaba con una sonrisa, y contó que lo dejaban escribirse con las hijas y generosamente abrió sus cartas y preguntó si algún compañero quería mandarle unas líneas a sus hijas, que él podía transcribirlas en sus cartas para ellas”, narra David.

 

Sobre de carta para Lina y carta de Pedro (papá de Lina) para ella

 

Así se conocieron David y Lina. Al principio algunxs compañerxs se escribieron con Lina y otros con Ani, pero con el tiempo sólo David y Lina continuaron el intercambio de cartas.  

“Esas cosas que uno nunca sabe cómo suceden, debe haber un duende o cupido, vaya uno a saber. Nos quedamos escribiendo Lina y yo”, añade.

David le hablaba de rock nacional en las cartas y surgió, a partir de la canción de Miguel Abuelo, Mariposas de Madera, la idea de usar como contraseña para comunicarse en las cartas de Pedro: Mariposas. “Cuando alguno de los dos escribíamos entró una mariposa o salió una mariposa, sabíamos que esa era la palabra donde empezaban nuestros intercambios.”

Cuenta Lina que así se fueron “conociendo y contando cosas, fue mucha contención la de David respecto de la desaparición de mi compañero (Pedro Ledesma), un apoyo importante”. “Después nos trasladaron: a mí a Ezeiza y a ellos a Rawson y es ahí que nos permiten cartearnos directamente como si fuéramos amigos o parientes. Ahí si son cartas largas de siete u ocho hojas. Escribíamos todo el tiempo, cosas que ahora uno las lee y no entiende ni porque las escribía, pero hay que haber estado preso para entender eso”, dice Lina. 


Era un mar de gente   


En el último año de encierro a David lo trasladaron a Rawson y a Lina a Ezeiza. 

“En Ezeiza la cárcel era nueva, teníamos celdas individuales y abiertas. En un pabellón estábamos las que quedamos de las presas políticas, porque antes se habían ido todas las compañeras que estaban a disposición del Poder Ejecutivo, que no tenían juicio: salían listados e iban quedando muchas menos. Quedamos quienes teníamos consejo de guerra. Alguna compañera se quedó hasta el 85. Ahí ya teníamos televisión, podíamos escribirnos con quien quisiéramos y comíamos todas juntas en un comedor, íbamos al patio mucho tiempo”, recuerda Lina. 

En 1983, después de siete años de dictadura cívico-militar, Ricardo Alfonsin ganó las elecciones presidenciales y antes de asumir, les conmutó las penas a todxs lxs presxs que estaban con Consejo de Guerra y a disposición del Poder Ejecutivo. David y Lina salieron en libertad. 

 

Lina con su hermana y compañeras la noche que salieron en libertad. Publicada en el diario La Voz. Está tomada en la vereda de la Asociación de Familiares de Detenidos Políticos, en la calle Riobamba, 10 de diciembre de 1983

 

Lina y Ani salieron del penal de Ezeiza con un grupo de compañeras y fueron a la casa de David, en el barrio porteño de Saavedra. Para Lina todo era extraño, no conocía Buenos Aires. Ahí se juntaron con su mamá (Chavela) y su hermana más chica (Marisa) y esperaron la llegada de los presos desde Rawson. 

“Tres días después llegaron ellos, los esperamos en Retiro en el último andén, nos corrieron de ahí porque hacíamos mucho lío a la mitad, había mucha gente, estaban todos los organismos de Derechos Humanos, las juventudes, los familiares. Era un mar de gente”, dice Lina. Se emociona al recordar el reencuentro de sus viejxs: Chavela y Pedro volvieron a ponerse sus anillos. 

Ahí se conocieron Lina y David, se abrazaron y se dieron un beso, por primera vez. Luego fueron llevadxs por una marea de gente hasta el Obelisco, la ciudad celebraba su liberación. Lina recuerda que se sentía flotando, como en el aire. “En un momento, terminamos en Plaza de Mayo de la mano con Lina. Hasta hoy seguimos acá, juntos, tenemos dos hijos Eva Lucía y Juan Manuel”, cuenta David.  

 
Lina recibe a David en la estación de trenes de San Luis, 1984

 

Seguir militando 

 

A los pocos días de salir del penal Lina y su familia volvieron en tren a San Luis, lxs recibieron en la estación, hicieron misas en su honor. Una vecina había hecho una promesa: como agradecimiento, tuvieron que caminar 30 km hasta una Virgen. Pero en San Luis, Lina no reconocía su casa y caminar sin su compañero, Pedro Ledesma, le resultaba doloroso, sentía culpa por estar viva. Después de una visita de David, decidieron que se iban a mudar a Buenos Aires para vivir juntxs. Cuenta Lina que para su viejo fue un golpe muy duro, que esa fue una de las pocas veces que lo vió llorar. Había recuperado a su familia después de tantos años de cárcel y su hija se iba lejos. Lina tenía 30 años y, en febrero de 1984, se fue. Ahora piensa que “inconscientemente necesitaba irme de San Luis, era un pueblo chico, e iba a ser la eterna viuda”.

 

Lina y David junto con la hermana de David, Silvia, y su cuñado, el día del casamiento. 1984

 

David habla con orgullo de sus hijxs: “con ellos llegamos a lugares donde jamás hubiéramos pensado llegar con Lina. Descubrimos nuevos mundos. Ellos también descubrieron un mundo en nosotros y sabemos que no es una carga fácil. La historia argentina es muy pesada y si esa historia está sentada en tu mesa, no es fácil de transitar.”

Lina participó de dos juicios por delitos de lesa humanidad en San Luis: en 2000 por la desaparición de Pedro y tres compañeros. En 2012, por los apremios ilegales sufridos por su familia. “En San Luis, que es una sociedad cerrada y conservadora, el juicio fue muy importante para mostrar lo que había pasado en ese tiempo y para nosotros fue una reivindicación.”

En 2014, se estrena la película “Proyecto Mariposa” de Sergio Costantino que cuenta la historia de Lina y David. Cada tanto se proyecta en escuelas y ellxs la comentan en charlas abiertas en las que participan comentado su experiencia con los espectadores. Lo sienten parte de su militancia por la Memoria. Su historia de amor por correspondencia genera preguntas en estudiantes y les da pie para contar cómo, pese al paso del tiempo, siguen “concibiendo la lucha con la misma necesidad, ternura y libertad de aquellos momentos”. “Les decíamos a los chicos en la escuela: enamorarnos nos fue muy fácil, porque éramos una prolongación cada uno del otro. Después, con los años, uno se da cuenta de que lo que sigue manteniendo sobre la base de los afectos, son los proyectos compartidos, los aguantes, los momentos difíciles donde uno se pone con el otro espalda con espalda y sale adelante de las crisis porque hay una misma concepción de vida y una misma forma de sentir” , concluyen.

 

Afiche del documental "Proyecto Mariposa" de Sergio Costantino, estrenado en el cine Gaumont el 9 de julio 2014

 

 

(1)  La Tendencia Revolucionaria Peronista núcleo a principio de la década del 70 a distintas organizaciones dentro del peronismo de izquierda: Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), Montoneros y la Juventud Peronista.  

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