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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

12/07/2021

Diez años de la muerte de David Viñas

Los latinoamericanos eran monos

A modo de homenaje publicamos uno de los últimos testimonios públicos de David Viñas. La entrevista completa que le hizo Gabriel Lerman en marzo de 2008, a propósito de su última publicación como compilador, un volumen sobre Simón Bolívar. El escritor y polemista expone sus impresiones sobre aquella coyuntura en un momento clave del continente en el cual los gobiernos populares estaban en pleno auge y conflicto.

Un episodio y un libro [1]

En la madrugada del 1 de marzo de 2008, un conflicto diplomático retiene la atención de varios gobiernos sudamericanos. El ejército colombiano, a través de fuerzas militares y policiales, ejecuta la Operación Fénix, una incursión en territorio ecuatoriano en una misión contra las FARC, donde bombardean un campamento y asesinan a Raúl Reyes y otros 17 miembros, cuatro estudiantes mexicanos y un ciudadano ecuatoriano, quienes se encontraban pernoctando en la zona. Se desata una crisis diplomática entre Colombia, por un lado, y Ecuador y Venezuela por otro, también conocida como Crisis Andina. Lo curioso de la discusión pública a los gritos entre Álvaro Uribe, Rafael Correa y Hugo Chávez fue que los tres países llevaban una misma bandera, con los mismos colores azul, rojo y amarillo, y fueron liberados también por el mismo nombre: Simón Bolívar.

Poco después, en Argentina se desata el conflicto con las patronales agropecuarias, que mantuvo en vilo el recientemente asumido gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El caso empieza a admitir lecturas en clave regional. Los gobiernos populares y progresistas asisten a confrontaciones veladas o abiertas con podres concentrados locales. América Latina despertaba y los nombres del amanecer todavía ensayaban monólogos inspirados, pero a tientas. Uno de esos días de marzo, llega al suplemento Radar de Página/12 un libro sobre Bolívar. No parecía casual, a simple vista, que un nombre fuerte de la historia latinoamericana, que empezaba a connotar nuevas resonancias políticas, tomara la forma de un libro impreso. Podía haber sido una edición popular estatal pregonada desde la Caracas vibrante de un tiempo de oro bolivariano, pero aún esta frecuencia transmitía a bastante distancia, y mucho menos irradiaba sobre una zona intelectual universitaria local de fuste. Es decir, se hablaba poco de Chávez y Bolívar en la universidad argentina, menos aún del proceso latinoamericano como un conjunto articulado o como una marca de época, aunque una serie de acontecimientos habían comenzado a hilvanar narraciones y perspectivas en ámbitos militantes y en algunas oficinas públicas. Para algunos, las jornadas contra el proyecto del ALCA en la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, y el tren que unió personajes y geografías como Maradona, Kusturica y Evo, podía formar parte de un folklore político lateral. Y aquellos momentos en el estadio mundialista saltando bajo la lluvia contra el libre comercio digitado por el imperio, mientras que en el Hotel Provincial cuatro o cinco presidentes mosqueteros plantaban bandera en soledad, pero de manera decidida, cortés y valiente, en la cara de Bush, para otros podían resultar un acting tribunero. Sin embargo, de a poco la región iba trazando nuevas costuras, retomaba caminos, afinaba instrumentos y despertaba entusiasmos.

David Viñas en algún bar del centro de Buenos Aires

 

Bolívar según Viñas y García Cedro

El libro Bolívar, antología polémica no era de un solo autor sino una compilación de varios textos, realizada por David Viñas y Gabriela García Cedro, y publicada por Peón Negro en la colección Crónica General de América Latina (2008). Impresiona la erudición que ofrece el volumen. Contiene artículos y monografías escritos en distintos momentos de la historia sobre el Libertador Simón Bolívar, que recorren un caleidoscopio que presenta al joven criollo de familia adinerada, independentista y republicano, al discípulo de Simón Rodríguez, al líder sudamericano leído por un corresponsal que le pasaba información nada menos que a Carlos Marx, y al gran militar que protagonizó el otro Cruce de los Andes, que luego se entrevistó en una misteriosa Guayaquil con el otro grande del Sur, José de San Martín. Bolívar, antología polémica es un libro de 382 páginas que incluye textos sobre Simón Bolívar de Karl Marx, José Martí, Pablo Neruda, Bartolomé Mitre, José Enrique Rodó, Rufino Blanco Fombona, José Joaquín de Olmedo, Juan Montalvo, Alberto Filippi, José Pacífico Otero y Germán Carrera Damas. Viñas y García Cedro seleccionan, compilan, y en cada capítulo ofrecen una nota aclaratoria sobre autor, posición política y cultural, el contexto en que escribió y la articulación en la que queda inscripto su texto.

Viñas en La Paz

Aquella vez lo vimos, en el bar La Paz de siempre, que ya tenía el sector para fumadores separado. Viñas habitaba la avenida Corrientes, con el moflete encanecido y manchado de amarrillo por la nicotina. Tanto era de Corrientes, que durante el exilio en México solía jugar con los amigos a recordar cada vereda, cada librería, cada bar. La idea de intelectual y publicista activo, de afirmación política inmediata, era un perfil que a Viñas le calzaba desde hacía décadas. Acababa de cumplir ochenta años, y ya era uno de los principales escritores y críticos de la Argentina. Además de guionista y profesor, había transitado la escena política desde origen radical paterno y un anarquista materno, pasando por cierto antiperonismo universitario, luego la experiencia Contorno de relecturas del peronismo y acercamiento al Frondizi intransigente, hasta desembocar desde los 60 en adelante, con la experiencia de la revolución cubana de fondo, hacia una izquierda social y cultural, representativa de un panorama y una época intelectual. Pero hacía tiempo que su perspectiva y su escritura habitaba, luego de la dictadura militar, una zona de conflicto con la universidad y la narrativa publicada del momento. En un caso, porque aplastaba el academicismo técnico y departamental que abría, especializaba y amenazaba esclerosar todo a la vez. En otro, porque la narrativa minimalista, la prosa periodística lisa y llana de ascendencia norteamericana dominaba las redacciones, las imprentas y las vidrieras. Y acaso porque el rol de provocador cultural lo venían ejerciendo, tal vez por cierto aroma serio y careta del alfonsinismo cultural, personajes como Jorge Asís y Fogwill. Si bien había publicado trece novelas entre Cayó sobre su rostro (1955) y Tartabul (2006), tal vez se lo conozca más por su obra medular de varios tomos Literatura argentina y realidad política (publicados entre 1963 y 1970), donde trazaba un mapa y un lenguaje entre cuerpos y palabras que todavía ilumina el pensamiento cultural argentino y del continente.

“En Guayaquil hay que ver la correlación de fuerzas –nos dijo David Viñas, esa tarde de marzo de 2008 -. Digo, San Martín estaba ya fuera de combate. Digo, frente a los peruanos. Le matan al ministro, se lo asesinan. Bolívar venía triunfando, lo tenía todo. Guayaquil era parte del proyecto bolivariano. No era ningún angelito, claro, como dice la versión porteña tradicional. San Martín, el austero, el militar profesional; el otro, el loco de la guerra. San Martín era muy profesional, sexualmente prolijo. Aparece la hija, Remeditos, punto. El otro, era un loco sexual, las mujeres, hay que ver lo que era el éxito en ese momento”. Viñas, quien se corre tanto de las lecturas apologéticas como detractoras del venezolano, puntualiza: “Ahora, ¿cuál es el proyecto fundamental? Y, era la reunión de Panamá, viejo. ¿Cuál es el problema? Y hoy se plantea lo mismo desde el MERCOSUR hasta la Unión Europea. El problema fundamental, el prioritario, es el enfrentamiento mano a mano con la gran empresa norteamericana”. ¿Por qué David Viñas dedicó uno de sus últimos alientos intelectuales a investigar sobre Bolívar y a publicar un compendio que lo retrata, examina y proyecta? ¿Por qué Horacio González, ya director entonces de la Biblioteca Nacional, pensaba que el diálogo intergeneracional, pero, sobre todo, pensaba en la apertura a una lengua disidente, a una perspectiva no normatizada de la palabra, extra académica y limítrofe, que debía alimentarse del diálogo entre la política, el arte y la cultura, pero sobre con hombres como David Viñas, León Rozichtner, Noé Jitrik, Nicolás Casullo? Porque en ellos habitaba una densidad histórica que ya no encontraríamos en Internet ni en papers aleatorios, ni bibliotecas flacas del primer mundo. Y aunque fuera en voz baja, sin apremios, Viñas puso el olfato en Bolívar.

Pintura de Simón Bolívar

 

¿Por qué ahora una antología sobre Simón Bolívar? -le preguntamos.

–Por la Gran Colombia. La Gran Colombia ya es uno de los fracasos fundamentales de él, ¿pero por qué está la Gran Colombia? Y el intento de conjura o de la fragmentación de América latina de habla hispana. Y ahora, ahí están Venezuela, Colombia y Ecuador. El punto de partida de este trabajo que hicimos con Gabriela García Cedro es que no hay en Buenos Aires una antología así. Mil ejemplares, ¿eh? No es Harry Potter. Pagado por nosotros. Los distribuimos con un muchacho amigo que tiene una pequeña editorial. Digo, para saber en qué estamos, ¿no? No había nada, no hay nada en Buenos Aires sobre Bolívar, nada. Damos un curso en la facultad, empezamos el 28 de marzo, sobre América latina. Ya digo, no se habla de algo que está en primera plana de los diarios. Es que es la vieja tradición liberal, el desconocimiento de América latina.

En el relato que hace Mitre sobre Guayaquil aparece San Martín, ascético, retirándose de la fiesta, y Bolívar bailando y tomando.

–Es muy esquemático. Yo estudié en el Liceo Militar en el año ’45 y los latinoamericanos allí eran monos. Titíes, ¿eh? No orangutanes. Nosotros éramos los grandes tipos de la historia, el mito de Lavalle señorito. Es toda una ideología. San Martín no entra, se abstiene. Marginalidad, presunto profesionalismo. Desde ya. Simplemente, hagamos un análisis. ¿De San Martín a quién? ¿A Uriburu? ¿A quién querés llegar? ¿A Galtieri? Ellos son los militares. Es toda una ideología de un grupo, corroborada por toda una historiografía liberal porteña, que los porteños somos los grandes tipos, blanquitos, la hermana mayor, toda la historieta. Y en el Liceo Militar te la vendían, ¿eh? América latina, los brasileños, eran todos monos. En La Nación, hace cuatro meses, hablando de Chávez, aparece una foto con un epígrafe que dice “Chávez gesticula delante de su gente”. No habla, gesticula. ¿De qué están hablando? Pará, viejo, analizalo políticamente. Escamotean el asunto que condena la OEA. Que condena a Colombia. La Nación no lo dice, tenés que leer El País de Madrid. Qué quiero decir: es un núcleo muy fuerte, que hay que verlo en la Argentina. Recién en los trabajos de Halperin Donghi, él sigue el rastro de la presencia de Bolívar en la literatura argentina historiográfica. Empieza con el Deán Funes.

En la antología aparece un poema de Neruda.

–Porque Neruda es el encuentro, es el enfrentamiento, y se queda Bolívar solo. No le puede bajar la caña a San Martín porque él es chileno. Pero, ¡abrí una polémica! Decí, bueno, viejo, ya. Polémica y sepamos algunas cosas, si no, no sabés nada. Imaginate, San Martín cruzó una vez los Andes. Pero este loco de Bolívar iba y volvía. Pero San Martín es un “profesional”. En Perú, él no quiere pelear. Quiere llegar a un arreglo, no quiere pelear. Sobre todo que ya, en esa coyuntura, de acuerdo a lo que se había producido en España, el riesgo es la sublevación liberal, capaz que entran militares españoles, a ver cómo arreglamos esto. Con conflictos internos, desde ya, todo es conflictivo.

Marx le da una gran preeminencia a los segundos de Bolívar, a los militares extranjeros que integraban sus filas, como que Bolívar se apoyaba en los éxitos militares de otros.

–Lo de Marx es lamentable. Ahí es el informante que aparece al pie del artículo. Yo no lo encontraba el artículo ése, me lo pasó María Pía López. Es un tipo que estuvo muy conflictuado, porque llegaba gente a pelear, todos los que después de la guerra napoleónica quedan disponibles, venían acá. Aventureros a rolete. Venían de todo. La propuesta, una hipótesis, es que no lo escribió Marx, que lo escribió alguien. Cosas que ocurrían, ¿eh? Para ganar un dinero rápido. O bien con un criterio de lesa información sobre este personaje. O con un criterio eurocéntrico, concretamente.

Bandera con la imagen de los presidentes latinoamericanos que advirtieron la necesidad de unirse para defender a la Patria Grande planteando No al ALCA en la IV Cumbre de las Américas, Mar del Plata, 2005

 

¿Qué le puede pasar a la historiografía argentina y en general al pensamiento político con un cambio en la mirada sobre Bolívar?

–Y, ya te digo, por descuento, lo más elemental, lo previo de lo previo, que es saber geografía. Te diría historia, geografía. De América latina. Es el primer contexto, viejo. Si no, no entendemos nada, salvo Buenos Aires. Hay que contextuar. Imaginate el proceso del populismo. Ahora, la palabra que corre es populismo. Lo hay conservador, muy reaccionario, y hay un populismo revolucionario. Es una categoría, perfecto. Pero ampliala, buscá el espectro, los matices. Hay izquierda, pero hay distintas izquierdas.

¿Cómo ve América latina, el Mercosur, los gobiernos nuevos que hay en la región, el caso de Cuba?

–Lo de Cuba, desde ya, problemático, complejo. Pero no podés desconocer la significación histórica que tiene. Diez presidentes norteamericanos. Ahí tenés que entrar a discutir eternamente. Uno ha discutido, a veces de manera muy dura, ¿eh? Durante la dictadura militar, tuvimos un conflicto, porque en La Habana no nombraban a la Argentina como dictadura. Y el tema lo sacó adelante inobjetablemente Gustavo Roca, el hijo de Deodoro, que se enfrentó con el ministro de cultura Armando Jara. Es toda una historia ésa. No nombrar a la Argentina. Finalmente logramos que se nombrara a la Argentina entre los otros países de América latina donde había dictadura, haciendo una lista por orden alfabético. ¿Por qué no nombraban a Argentina? Y, por los intereses de los militares con la Unión Soviética. Pero, ¿nosotros qué éramos? ¿Unos turistas revolucionarios? Una situación que fue muy dura, con elementos contradictorios. Ellos eran un Estado, nosotros éramos unos tipos sueltos del mundo, desde ya.

¿Cómo ve ahora a Correa, a Evo Morales?

–Evo Morales, Bolivia... Pensá que está subyacente el proceso del MNR, año ’52. Yo estuve. Fue el primer país que yo visité, en el año ’56. Previo a la revolución burguesa, pequeño-burguesa. Se hizo lo que se pudo hacer. Pero EE.UU. se morfó un país con la revolución adentro, en los límites que venían de la cosa fresca. Eso fue una discusión en un momento dado con Jauretche y Forja. Le dije, ¿cuál es el núcleo de Forja, doctor Jauretche? ¿De qué viene, de dónde viene, qué es eso? Largas discusiones, tratando de calmarnos, en ese momento no era fácil. Nos hablaba del APRA peruano. La situación sigue siendo muy jodida: un país humillado por los cuatro costados, por donde lo agarres. La Polonia de América latina. Brasil le sacó toda la zona del caucho, pasó a ser un Estado brasileño, el Acre. En la Guerra del Pacífico perdió frontera. Con la Argentina también. Con Paraguay, también. Un país humillado, pobre. Pobreza, tenés que ir a Haití para encontrar un país así.

Gabriel Lerman

Escritor y ensayista, docente (UNPAZ/UBA), editor de Astier Libros y colaborador del suplemento Radar de Página/12.

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Notas

[1] Entrevista exclusiva realizada por el autor en marzo de 2008, de la cual se publicó una parte originalmente en Radar, Página/12. David Viñas falleció en Buenos Aires el 10 de marzo de 2011, y fue velado en la Biblioteca Nacional. Quizás sea este texto uno de sus últimos testimonios públicos.

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