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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

30/11/2021

Día Mundial del Sida

VIHgente. La respuesta es hoy.

En 1988, el 1 de diciembre fue declarado Día Mundial del Sida. Siete años antes se notificó el primer caso de VIH en el mundo. En la Argentina alrededor de 135 mil personas viven con VIH y cerca del 20 por ciento de ellas desconoce su serología. Los varones cis son quienes más tarde se diagnostican, al igual que las mujeres cis con menor nivel de estudios: la desigualdad también influye en el diagnóstico. Un dato alentador: con tratamientos –que son gratuitos- la infección se convierte en crónica. Pese a eso, todos los años siguen muriendo alrededor de 1300 personas por causas relacionadas con el VIH/sida.

Desde 1988, el 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial del Sida, que fue el primer día dedicado a la salud en todo el mundo. En 2021 se cumplieron 40 años del primer caso notificado de VIH en el mundo. Fue el 5 de junio de 1981 cuando el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos anunció la aparición de casos raros de neumonía y Sarcoma de Kaposi. Meses más tarde, el New York Times se hizo eco de la noticia y conocimos los primeros casos de lo que después sabríamos que era VIH. En un plazo de 18 meses, los epidemiólogos describieron todos los factores de riesgo importantes de la infección y propusieron, en 1982, llamar oficialmente a la enfermedad "Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida" (Acquired Immune Deficiency Syndrome, en inglés). Finalmente, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) se identificó como agente causal del SIDA en 1983. Fue considerado una infección mortal hasta la incorporación del tratamiento antirretroviral en el año 1996, lo que marcó un punto de inflexión en la epidemia. Este hecho significó para las personas con VIH la posibilidad de controlar la infección y desarrollar una vida normal.

Allá y entonces, en 1981, el VIH aún no tenía nombre, no se conocía un tratamiento eficaz, ni la manera de detectarlo. En 1996 las personas con VIH y acceso al tratamiento, pudieron controlar la replicación del virus en su cuerpo. En 2021, cuatro décadas más tarde, como humanidad contamos con estrategias que nos permitirían controlar la epidemia. ¿Vamos a seguir dejando pasar la oportunidad?

Campaña Semana Internacional de la Prueba del VIH, a la que se sumó la Fundación Huésped, entre el lunes 22 y el lunes 29 de noviembre. La campaña es una iniciativa de Coalición PLUS, una red internacional de organizaciones que trabajan en VIH y las hepatitis virales. A lo largo de la semana se llevaron a cabo distintas acciones de testeo gratuito de VIH en poblaciones especialmente afectadas por el virus como migrantes, usuarios de drogas, trabajadoras sexuales, personas trans y recuperadores urbanos. También se brindó información y, a aquellas personas cuyo test fue positivo, se les ofreció la derivación al sistema de salud y acompañamiento. Foto: Constanza Lupi

Las herramientas para controlar la epidemia están, pero los números no disminuyen. A pesar de los esfuerzos, las estadísticas se mantienen estables desde hace más de 10 años. En la Argentina, se estima que son alrededor de 135 mil personas las que viven con VIH y cerca del 20 por ciento de ellas desconoce su serología. Cada año, aproximadamente 5 mil personas adquieren el virus. Casi el 70 por ciento se atienden en el subsistema público de salud, lo que da cuenta de la variable socioeconómica que sigue siendo un determinante clave en el acceso y la prevención de la salud.

Más del 98 por ciento de las infecciones se producen por relaciones sexuales sin protección. La efectiva implementación de la educación sexual integral (ESI) cobra todo su sentido a la luz de lo que podría aportar en materia de prevención de infecciones de transmisión sexual, como el VIH. Aunque, por supuesto, la ESI es necesaria en muchos otros sentidos por su aporte al desarrollo individual y colectivo desde una perspectiva de derechos y género que colabore en desarmar los mandatos del sistema hetero-cis-patriarcal y adultocéntrico en que vivimos y tanto sufrimiento genera. Por ejemplo, trabajando respecto a la elección de ma/paternidades deseadas y saludables, lo que también colaboraría en reducir los números de la transmisión vertical -que es la que se da durante el embarazo, parto o lactancia que no recibe el tratamiento y atención médica adecuada-. Con tratamiento y atención médica, el riesgo de transmisión del virus al bebé es casi nulo, pero en el país sigue sucediendo que de cada 100 bebés de gestantes con VIH, 5 nacen con el virus.

Y también la ESI es la aliada necesaria para derribar los mitos sobre las masculinidades, que siguen construyendo varones que, entre otras cosas, son siempre fuertes, no se enferman ni se quejan y, por lo tanto, no se hacen chequeos periódicos de salud. Y claro, lamentablemente, siguen llegando tarde al diagnóstico: alrededor del 30 por ciento de las personas diagnosticadas con VIH lo hicieron en un estadio avanzado de la infección y quienes se diagnostican más tardíamente son los varones cis.

Segunda Semana Internacional de la Prueba del VIH, una iniciativa de Coalición PLUS, a la que se sumó la Fundación Huésped. Foto: Constanza Lupi

El diagnóstico tardío también nos habla de la desigualdad en materia sociocultural: existe una relación inversa entre el nivel de educación alcanzado y la proporción de personas con diagnóstico tardío. Mientras que el diagnóstico tardío afecta a casi el 40 por ciento de las mujeres cis sin estudios o con primaria incompleta, este dato se reduce a poco más del 10 por ciento en aquellas con universitario completo o más. Lo mismo ocurre con el casi 60 por ciento de los varones cis con mínimo nivel de instrucción, en comparación con el poco más del  20 por ciento de los que tienen universitario completo o más.

Y a pesar de tener tratamientos gratuitos que convierten la infección en crónica, todos los años siguen muriendo alrededor de 1300 personas por causas relacionadas con el VIH/sida.

Así estamos hoy. A cuatro décadas de los primeros casos y, gracias a la investigación científica, la implementación de políticas públicas y el activismo de la sociedad civil, contamos con más y mejores estrategias para controlar al virus. Sin embargo, se sigue infectando gente que podría no infectarse y sigue muriendo gente que podría no morirse. Por eso, la respuesta es hoy.

Por eso, el VIH está vigente. El VIH no es una problemática de algunas poblaciones ni del pasado. Nos afecta a todas las personas por igual. Nos afecta como sociedad. 

En estos 40 años la salud ha crecido en visibilidad e importancia. En 2020 quedó patente a nivel global con la pandemia de COVID-19: la salud es un derecho humano y  debe ser una de las principales prioridades de inversión para los estados. Sabemos que para superar la pandemia de COVID-19 y poner fin al sida, el mundo debe ser solidario y compartir la responsabilidad. La desigual distribución de las vacunas de COVID vuelve a desnudar este desafío primario que enfrentamos.

Segunda Semana Internacional de la Prueba del VIH, una iniciativa de Coalición PLUS, a la que se sumó la Fundación Huésped. Foto: Constanza Lupi

Este tiempo pandémico ha puesto sobre la mesa, una vez más, que la salud se interrelaciona directamente con otros problemas fundamentales, tales como la reducción de la desigualdad, los derechos humanos, la igualdad de género, la protección social y el crecimiento económico. Nadie está a salvo hasta que todos estemos a salvo. Generar políticas públicas que insisten en ignorar amplios sectores de la población, es un camino seguro al fracaso. El individualismo, en salud, ya demostró su inutilidad.

Es esencial que la sociedad en su conjunto tome conciencia de cómo el VIH afecta la vida de las personas y poner fin al estigma y la discriminación. Mejorar la calidad de vida de las personas que viven con VIH requiere hacernos cargo de nuestras micro y macro conductas que reproducen el estigma y la discriminación.

Hablamos de macroconductas como que siga habiendo 46 países, territorios y zonas, que continúan imponiendo alguna forma de restricción a la entrada, estancia o residencia de personas que viven con el VIH, en base a su estado serológico. O que se siga haciendo el test de VIH en los exámenes preocupacionales para discriminar a los postulantes por su serología o impedir que alguien ascienda si se conoce que es VIH positivo. Y pensamos en las microconductas cotidianas, que hacemos casi sin darnos cuenta, como los chistes, las bromas, los insultos que implican el uso de palabras estigmatizantes, como “sidoso”, “portador” o “víctima del sida”, palabras que reducen a la persona a una condición clínica. O “se agarró VIH”, “se contagió de sida”, formas que reproducen la confusión de que el VIH se transmite por contacto casual, en vez de por comportamientos de riesgo prevenibles.

Segunda Semana Internacional de la Prueba del VIH, una iniciativa de Coalición PLUS, a la que se sumó la Fundación Huésped. Foto: Constanza Lupi

El VIH sigue VIHgente. Por eso, es necesario seguir multiplicando los mensajes no sólo el 1 de diciembre, sino en cada oportunidad, para que todas las personas conozcan y apliquen las herramientas concretas que tenemos al alcance de la mano para poner fin a esta epidemia:

Conocemos las vías de transmisión del VIH y son sólo 3: por relaciones sexuales vaginales, anales u orales, sin protección; por contacto con sangre al compartir jeringas o canutos para el uso de drogas o cualquier otro elemento cortante o punzante; y de la persona gestante sin tratamiento al hije durante el embarazo, el parto y la lactancia.

También, podemos saber si tenemos VIH o no en menos de 20 minutos con una gota de sangre del dedo, a través de test rápido, seguro y gratuito. Si el resultado es positivo, la infección se hace crónica con los actuales tratamientos, que pueden ser de una o dos pastillas diarias. Hoy sabemos que si se sostiene el tratamiento, el virus llega a ser indetectable en los estudios de laboratorios y no se transmite por vía sexual, incluso sin usar métodos de barrera. Indetectable es igual a intransmisible.

Si el resultado es negativo, existe la profilaxis pre y post exposición (PREP y PEP), que reducen casi a cero las posibilidades de infección incluso en situaciones de exposición al virus. Por eso, para terminar con la epidemia del VIH, hace falta que todas las personas que hagan el test usar preservativo o campo de látex en todas las relaciones sexuales y evitar toda forma de estigma o discriminación hacia las personas con VIH o las poblaciones más afectadas por el virus. La confidencialidad sobre el resultado es un derecho y sólo la persona que vive con VIH puede decidir a quién y cuándo contarlo.

Por su parte, aunque el tratamiento es gratuito en todos los subsistemas de salud, es posible mejorar el acceso para todas las personas facilitando entregas durante tres o seis meses, ampliando los horarios de atención hospitalarios y acompañando a quienes tienen dificultades para la adherencia. Por último, es fundamental garantizar la ESI en todos los niveles educativos, en todo el país, para que la sexualidad sea integral y respetuosa con todas las maneras diversas de vivirla.

En estos 40 años de los primeros casos de VIH mucho hemos logrado, pero mucho queda por hacer. Controlar la epidemia depende de cada uno de nosotros.

 

Mar Lucas

Directora de Innovación Estratégica de la Fundación Huésped. Licenciada en Psicología (UAM – España). Especialista en Infancia y Desarrollo (IFEJANT, Perú).

Constanza Lupi

Comunicadora y fotógrafa.

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