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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

17 de abril de 2019

La memoria en la encrucijada del presente

Entre el 10 y el 12 de de abril se llevó a cabo, en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, el Coloquio Internacional “La memoria en la encrucijada del presente. El problema de la justicia”, organizado junto al Consorcio Internacional de Programas de Teoría Crítica, la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y el Instituto de Investigaciones Gino Germani. En el discurso de apertura, Leonor Arfuch realizó una síntesis de los hitos principales en materia de Memoria, Verdad y Justicia en la región en el marco del neoliberalismo imperante.

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Apertura del coloquio "La memoria en la encrucijada del presente. El problema de la justicia"

Es muy grato para mí, en nombre de las organizadoras de este evento, que nos puso en diálogo desde la Universidad de Buenos Aires con la de Berkeley y con la querida Nelly Richard de Chile, darles una cordial bienvenida a los colegas llegados de tierras lejanas y también cercanas, a nuestros compatriotas, a la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Dra. Carolina Mera, que nos acompaña, y al público en general, que nos honra con su presencia y su interés en los temas que nos convocan.

Temas que se cobijan bajo un título de doble valencia: La memoria en la encrucijada del presente y El problema de la justicia. Un presente conflictivo, en el eterno retorno del neoliberalismo, y un significante, la justicia, que resuena con fuerza en un mundo de creciente inequidad.

Pero Memoria y Justicia reclaman, aquí, en la Argentina -y en este lugar, en particular- la compañía de un tercero, Memoria, Verdad y Justicia, una tríada que resume de manera elocuente más de cuatro décadas de lucha por la memoria y los derechos humanos y señala de manera inequívoca el camino al devenir futuro.

Y es en honor a esa historia, cuya proyección trasciende nuestras fronteras, que quisiera hacer una síntesis de sus hitos principales, para poner en contexto los intercambios y debates que tendremos en estos días con nuestros invitados, donde compartiremos experiencias, teorías y también afectos.

Esa lucha comenzó tempranamente, bajo la dictadura, en búsquedas, denuncias, encuentros de familiares y se plasmó en aquellas míticas rondas de las Madres en la Plaza de Mayo, clamando por la aparición con vida de sus hijos.

Esa lucha comenzó tempranamente, bajo la dictadura, en búsquedas, denuncias, encuentros de familiares y se plasmó en aquellas míticas rondas de las Madres en la Plaza de Mayo, clamando por la aparición con vida de sus hijos. En esa tradición de movilización, de cuerpos presentes, prontos a salir a la calle a manifestar, a exigir o a defender lo ya conseguido, se inscribe, a través de los años, el arduo trabajo de nuestra memoria, que los diversos organismos de derechos humanos -Madres, Abuelas, Hijos, Familiares, Asamblea Permanente, CELS y varios otros- alientan, de modo infatigable, con proyección hacia las nuevas generaciones.

Un primer hito en pos de la Verdad y la Justicia fue el histórico Juicio a los comandantes de las ex juntas militares, convocado por el presidente Alfonsín en 1985, a comienzos de la transición democrática, donde por primera vez en América Latina se dictaban condenas por crímenes de lesa humanidad, varias de ellas con prisión perpetua. Día tras día, durante varios meses, la sociedad pudo enterarse del horror padecido en el relato de las víctimas, que replicaba lo recogido en el Nunca Más. Aquello que había sido negado, oculto, silenciado: secuestros, centros clandestinos de detención, torturas, violaciones, matanzas, y esa figura elusiva de la desaparición, que se adueñó de pronto del lenguaje y trastocó el decir del diccionario. Más tarde se fue corriendo el velo de otra triste singularidad de la experiencia argentina: el plan sistemático de apropiación ilegítima de bebés, cientos de nietos que todavía hoy las Abuelas siguen buscando, ¡y justamente celebramos la aparición de la nieta 129!

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Luego, en 1986, la amenaza de sombras golpistas llevó a dictar una ley llamada de “Punto Final”, a la que se sumó la de “Obediencia debida” (1987), cortando así toda posibilidad de acción penal contra los distintos niveles de responsabilidad involucrados en la represión. Más tarde, en 1990, el presidente Menem indultó a los militares condenados, pretendiendo así cerrar un capítulo de la historia.

Pero la lucha de los organismos de DDHH y de vastos sectores de la sociedad no dio tregua -en 1996, a los 20 años del golpe, hubo una manifestación memorable- y como resultado de distintas búsquedas para reabrir el espacio de la justicia, hubo, entre 1998 y 2007, unos “Juicios por la Verdad” en varias ciudades del país, que, si bien echaron luz sobre algunos siniestros personajes, no tuvieron efectos penales ni lograron obtener información fidedigna de victimarios sobre secuestros, desapariciones o robos de bebés.

Fue bajo otra presidencia, la de Néstor Kirchner, en 2003, que se anularon las leyes de impunidad y se hizo posible, en 2006, la reapertura de los juicios a los perpetradores, que vienen desarrollándose a partir de entonces. Más tarde, la Corte Suprema decretó la inconstitucionalidad de los indultos y los altos jefes militares volvieron a prisión.

La reapertura de los juicios, ligados a los centros clandestinos de detención -más de 700 en todo el país- dejó al desnudo el accionar de un plan cuidadosamente establecido. No fue solo un combate contra la lucha armada sino para eliminar toda resistencia de la sociedad a la instauración de un neoliberalismo feroz, eran los 70, y cundía la idea de que se podía transformar el mundo. Delegados sindicales, militantes barriales, políticos, intelectuales, escritores -entre ellos, nuestro querido Haroldo Conti-, artistas, periodistas, estudiantes, aun del secundario…la lista de los desaparecidos y asesinados abre un abanico sin fin, con una desoladora cifra de primera juventud.

Delegados sindicales, militantes barriales, políticos, intelectuales, escritores -entre ellos, nuestro querido Haroldo Conti-, artistas, periodistas, estudiantes, aun del secundario…la lista de los desaparecidos y asesinados abre un abanico sin fin, con una desoladora cifra de primera juventud.

Y fue quizá ese involucramiento múltiple, social, político, cultural, que cruzaba género, proveniencia y clases sociales, junto al batallar de los organismos de DDHH y de grandes sectores de la sociedad los que confluyeron para allanar el camino de la justicia. Porque hubo, a lo largo de los años, un intenso trabajo sobre la memoria, una comunidad de voces que, entre Argentina y Chile, le han dado espesor crítico al debate sobre memoria en el Cono Sur, marcando nuestra singularidad respecto de otros países de la región -y más allá- , que nunca lograron analizar y enjuiciar los procesos de sus propias dictaduras y sancionaron leyes de amnistía. Un trabajo en el cual nos hermana la militancia en diversos espacios y micro espacios, de la política, de la universidad, del pensamiento, alternativos, de artistas y colectivos de arte, de emblemáticas revistas culturales independientes, como nuestra clásica Punto de Vista y la Revista de Crítica Cultural chilena, que fundó y dirigió Nelly Richard, entre otras. Y nos hermana también el “tiempo de los hijos”, en que nuevas voces afloran, de ambos lados de la cordillera, con su propia creación y reflexión crítica, tanto en la palabra como en la imagen.

Este recorrido, en una extrema síntesis, explica quizá un dilema de la temporalidad, que suele dar lugar en mi país a posiciones enfrentadas en cuanto a las políticas de Estado en relación con la memoria y los DDHH. Por un lado, es en verdad una justicia tardía, que llega, en todos sus alcances, 22 años después del retorno a la democracia, y que todavía tiene deudas pendientes, causas sensibles que recién ahora se pueden abordar. Por el otro, algunos consideran que ya es tiempo de “cerrar” el pasado y que el fin de los juicios ayudaría a dar vuelta la página, como si fuera posible dejar atrás, por decisión oficial, la pervivencia traumática de la tragedia argentina. Y no incluyo aquí por cierto a quienes hoy todavía siguen afirmando que no hubo crímenes de lesa humanidad sino una “guerra sucia” que enfrentó dos bandos de similar violencia.

A la anulación de las leyes de impunidad se sumó, por voluntad presidencial, la expropiación para el Estado del predio donde estamos, que pertenecía a la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, y fue uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio. Hoy se hace difícil imaginar que en estas 17 hectáreas funcionaban, en una aparente normalidad, los institutos de formación de suboficiales de la Marina, mientras en el casino de oficiales había cientos de detenidos (de un número estimado de 5000 se cree que sólo sobrevivieron entre 200 y 300), salas de tortura, una maternidad clandestina para la apropiación de bebés y un subsuelo terrorífico desde donde partían los prisioneros hacia los siniestros “vuelos de la muerte”, para ser arrojados al mar bajo los efectos anestésicos de una inyección. Una desmesura del mal que empalidece la idea misma de justicia.

Sin embargo, la justicia llegó finalmente a la ESMA. En 2007 se realizó el primer juicio, con un único imputado. El segundo, dos años más tarde, tuvo 86 casos y 19 procesados y el tercero, que culminó hacia fines de 2017 es el más grande de la historia argentina. Se trataron 789 casos y hubo 54 imputados que pudieron escuchar la sentencia. Otra vez el lenguaje tuvo que hacer una torsión para dar cuenta de un nuevo sentido: el número de víctimas y de victimarios se cobijó en un nombre: “Mega-causa”, la de la ESMA, en este caso -y está abierta la Mega-causa ESMA IV, todavía con mayor número de casos- pero también otras, en distintos puntos del país, entre ellas la del campo de exterminio La Perla, en Córdoba, que culminó en 2016, con 716 víctimas y 38 condenados. Cabe destacar que son juicios llevados a cabo en tribunales ordinarios, a los ejecutores materiales y en un número sin precedentes. Según el último Informe de la Procuraduría de Crímenes de Lesa Humanidad, se llevaron a juicio 3081 imputados, de ese número hubo hasta ahora 891 condenas, 133 absoluciones, se dictaron un centenar de falta de mérito, y están procesados o imputados varios cientos. Es, en este sentido, un caso único en el mundo.

Pero estamos hoy aquí, en el Espacio Memoria y Derechos Humanos Ex ESMA y este simple prefijo tiene la virtud de traernos al presente sin borrar la historia: Ex ESMA, haciendo de este lugar una apuesta ética y política por una memoria activa siempre alerta, pero también por la justicia, en su más amplia acepción, incluyendo la justicia social, inherente a una democracia que vaya más allá del conteo de los votos. Es con esta idea de memoria activa y crítica, indisociable de la justicia, que incluimos en el programa la invitación a una visita guiada al Sitio de Memoria ESMA, ahora Museo.

Y ese fue también el espíritu que animó la preparación de este encuentro, nuestro diálogo desde puntos distantes del planeta, que no azarosamente reúnen norte y sur. Un diálogo que nos pone en sintonía de comunes preocupaciones en un mundo dominado por la especulación financiera, la exaltación de la violencia y la desposesión, y que muestra índices intolerables de pobreza: en nuestro país, el 32%. Una verdadera encrucijada del presente, que en América Latina trae el recuerdo infausto de otros tiempos, en que el Norte imponía su ley, no sólo por la presión del mercado sino también por la fuerza de las armas. Asistimos a un franco retroceso en la región, donde un neoliberalismo investido de afectividad y no por ello menos punitivo, ratifica el imperio del mercado y pone énfasis en la aptitud individual para gestionar el propio destino, más allá del Estado y la comunidad.

Es aquí donde, a la par de la afirmación de la memoria aparece la idea de justicia, o mejor, el problema de la justicia, en la amplitud de sus miras, en el plano de la ética, la sociedad, la educación, la política y la dignidad de la vida.

En este horizonte de pensamiento crítico se inscriben los temas que abordaremos aquí, apreciando la posibilidad de dialogar y debatir con colegas de distintos ámbitos y perspectivas. La memoria estará presente, ligada a experiencias de dictaduras y genocidios, así como la complicidad, un significante esquivo, que interpela de maneras diversas a una sociedad. Estarán también expresados los conflictos de las memorias, su plural, lo que pone en cuestión la idea misma de “memoria colectiva”. Habrá también una interesante discusión sobre los feminismos -se impone aquí el plural- y los movimientos de disidencia sexual, ante el impacto de las masivas movilizaciones por Ni una Menos y por la legalización del aborto, tanto aquí como en Chile, que cambiaron radicalmente la óptica sobre estos temas, en particular, de las nuevas generaciones. Hay también aquí la recuperación de un legado, una memoria de luchas pasadas, de gestos y movimientos que fueron pioneros, algunos de ellos bajo dictaduras.

La memoria traerá asimismo al ruedo violencias pasadas y presentes respecto de la colonialidad, vista desde aquí, América Latina, pero también desde África, y seguramente se plantearán las alternativas actuales frente a las diversas formas que adopta, a veces asumidas como una verdadera identidad. La teoría crítica se planteará a su vez las nuevas perspectivas de análisis ante el neoliberalismo contemporáneo, donde sobreviven viejas recetas de la macroeconomía con cambios geopolíticos, subjetivos y estructurales y donde la crisis pasó de ser un acontecimiento de cierta recurrencia a instalarse como el estado de las cosas.

Pero al decir “aquí” me refiero también a este lugar, al Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, un baluarte en la lucha cotidiana por la memoria, la verdad y la justicia en todas sus variantes, que desarrolla una actividad única, en lo académico y lo cultural, gratuita y abierta a todo público. Debates, seminarios internacionales, conferencias, homenajes, encuentros, muestras de arte, teatro, cine, música, performance, ballet, lecturas de poesía, talleres de distintas especialidades…un espacio abierto, que resiste a las políticas de ajuste con el esfuerzo de sus trabajadores y también de los artistas, que anteponen un compromiso ético a la retribución puntual que se merecen. Por todo esto estamos aquí, agradeciendo la hospitalidad y el apoyo que han dado a nuestra iniciativa.

La despedida será, en el auditorio de Abuelas, un histórico encuentro de tres voces en las que se concilia la experiencia de vida con un compromiso sin desmayo, ético y militante, con la justicia, en su más amplia expresión: Estela de Carlotto, Judith Butler y Eduardo Jozami compartirán sus reflexiones sobre los presentes y futuros de la memoria.

Podés ver todos los videos de las conferencias en el Facebook del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

*Investigadora. Instituto Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.

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